miércoles, 1 de diciembre de 2010

A SOLAS, CON SOLO LAS ESTRELLAS POR LUMBRE…BREVES DEL AUTOR


Desdoblar esos manuscritos ya ajenos, esos que fuiste duermen allí en el lento monologar acerca de las cosas y te pueden hablar desde un tiempo perdido, una suerte de instante reflejo, que no se podía sabe de antemano, provocado por este…
De la relatividad del tiempo suelen hablarnos también las fotografías, donde unos extraños, ¿los que somos?, ¿los que fuimos? parecen interpelarnos desde lugares e idiomas distintos…
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Después de la pesca del día, el Atlántico  se mece a nuestro alrededor cansino, dijérase amable, ignorante el hombre y de su universo de transacciones y yugos, del que también el forma parte. Una suerte de progresión estadística podría entregar el dato de cuanto vale el Atlántico, menos –para ser justos- las 350 marsopas adultas muertas que viajan en la cava del barco, que no deben sumarse dos veces.
¿Cómo volvimos el Atlántico y el resto de los países del mar un departamento comercial más del  ministerio de fomento humano?
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La manera en que amamos, esas rutinas que urdimos y recreamos para hacer a los otros dependientes de nuestra acción y presencia, no es más que la amalgama de signos con los que admitimos nuestra incomodidad permanente para con nosotros mismos, nuestra personal inapetencia…
He allí la torpeza que se opera en las relaciones de pareja, que fundan su vínculo en el sentimiento y no en el trabajo del conocimiento: Acaban imponiéndose las presencias y las ausencias, extraviando la comunicación en la prueba de la propia virtud, determinando la culpa del otro en la propia incapacidad de ser felices por si mismos…
Nuestras conductas animales, que en ellos garantizan la unión o la soledad, en nosotros ocasionan tendenciosas manías comportamentales, por las que nadie está completo solo, y nadie garantiza que la compañía reduzca de algún modo la incompletitud del otro…
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La paradoja sinérgica que se origina al interior de las ideologías modernas, entre los discursos políticos, administrativos, técnicos y sociales, de los cuales solo somos coadjutores, propulsores, pero nunca individuales protagonistas: de la ausencia creciente de la noción de individuo actuante en las disquisiciones teóricas y en las prácticas sociales, aquel que ya es un marginal consigue ser potenciado en su acción que si rige los discursos agnósticos, el radicalismo, el terrorismo, la creciente delincuencia, conductas crecientes en la nuevas generaciones.
Opuestas al hecho de la masificación de las conciencias y las necesidades, por efecto de la ideologización de los discursos, la individualización, la autonomía y el marginalismo social, surgen como conductas  cada vez más fuertes, legítimas y autoexplicadas.
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Quédate en la marea nocturna de las céntricas calles, un día cualquiera que no lo hayas planeado, para que tus prejuicios elaboren de una manera más libre, para que captes la magnitud de los acontecimientos, que el día jamás contempla…Cuando los infantes ancianos dejan brotar sus instintos de fieras y los depredadores salen a domeñar las fiestas de la carne con solo exhibir su dinero, es que la noche cerró por completo y la ciudad ha cambiado de manos, de dueños, de intenciones…
No olvides que tu rostro emite cierto brillo, tarde en la noche. Los que somos del día acaso poseemos lo que buscan ansiosamente los seres de la noche, que entre ellos no tienen, esa extraña bondad en los ojos, que nace de no cargar a la maldad en los actos simples pero de saberla distinguir, acampando, en las conversaciones y los rostros…
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¿Qué traerá la crisis de los símbolos, la angustiosa simbiosis de lenguajes en esta babel, de intenciones, generaciones, en redisposición permanente, derribando y levantando los callejones del laberinto humano de la comunicación? Los hombres nuevos, capaces entablar diálogos cabeza a cabeza con los delfines, un reconocimiento de las antes llamadas especies inferiores, desde lo mamíferos primates hasta los insectos y los pobre desahuciados sociales, no para insertarlos en la demacrada división internacional del trabajo sino para aligerar nuestro mundo, para saber de los países del agua, de los viajes de toda una vida de las aves, de nuestra liliput de emociones y símbolos, nave verde poblada por nosotros y nuestros intereses en constante pugna…
Los nuevos hombres, los que se están haciendo, capaces de trabajar sin poner precio a las demás especies, sin medir con medidas humanas lo que ya tenía un valor propio y sensible, antes del imperio del símbolo.
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La doble naturaleza de los políticos, que deja de ser discreta en la medida en que proporcionalmente obtienen el poder: La opinión pública es ininteligible, pues la comprobación del carácter ilegítimo de sus administradores no la potencian hacia la formación de una nueva clase que trascienda de la anónima marginalidad hacia una búsqueda de espacios de discusión, en el desarrollo de trabajos mancomunados que el estado ausente haya dejado por completar, o sin ejercer. La digresión de la clase política, la fuga en su discurso del elemento social, la torpeza en el ejecutar y el legislar, son los perfectos estopines para que los procesos de robustecimiento social, generadores de entidades cuyo fundamento es la cooperación, se establezcan sobre criterios de conquista del espacio y derecho en la acción política. Entonces, la respuesta es  prescindir de aquellas estructuras ya muy organizadas, cuyo formato ideológico casi siempre ha sobrepasado el sentido mismo de la política, tomada como herramienta de participación en el trabajo de administración de lo comunitario, no como un instrumento de beneficio al servicio exclusivo de la clase política.
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Veía como pasaba la gente de una hora del día, en que por costumbre aquel lugar no me contenía: los niños que iban a la escuela reían duro y sin motivo, y tras la vidriera, semejaban ser hermosos angelitos de alitas cortadas, caídos en desgracia por ajenas culpas. No pude impedir la brusca irrupción de mis propias evocaciones, que llegaron allí sin ser convocadas, sin orden ninguno.
Sí, ese recuerdo…Fue el día en que cortaron el gigante sauce llorón para anchar la calzada de los carros, y se llevaron las tardes en la casita del árbol, los escondites en invierno, aquella primeras encrucijadas frente a las niñas, en las preguntas no bien formuladas, que realmente nadie podía muy bien responder, la compañía de los otros pequeños amigos en el dolor transparente de los castigos sin culpa…Ese árbol, cuya sombra como el cadáver de brontosaurio, podía cobijarnos en su húmeda  presencia a todos,  no puede sentirse hoy, aquí, cuando mirando unos niños comprendo intuitivamente, que llevo bien seguros por dentro a todos aquellos que en el transcurso de mi vida yo he sido…
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De ese espacio en contraluces permanente, que es habitado por un conjunto de emociones, silogismos difusos, en el cual solo es permitido ver lo que en el otro también se encuentra sombreado, esa zona donde a pesar nuestro quizá nunca nos saciamos de seguir bebiendo, podemos argumentar sobre nuestro desconocimiento como lo hacemos de otros cientos de la naturaleza humana, en los cuales reina lo emocional, lo incompleto, lo monstruoso, sobre lo racional y conveniente. La creciente pulsión que ansía consumirse en la satisfacción incompleta, se produce gracias a una eventual desaparición en el otro, involuntaria gracias al sentimiento, que ocurre también en aquel que comparte y se relaciona.
El amor…Una capacidad para permanecer difusos, en ciertos aspectos, hasta ciertos grados,en una sincronía que más se parece a un murmullo de dos voces, una intermitente luz producida de dos lugares distintos que buscan una misma región, para solamente evidenciar la carencia de fronteras ciertas, hacer dicientes los contornos o los efectos, instituyendo una especie de confianza en la compañía, en un reconocido privilegio por saber que existe, el otro, el misterio del otro…
¿No es acaso ese carácter cuasibestial, de complacencia en la carencia y la incompletitud, lo que le otorga en medio de todo, lo explicado, lo soñado, lo que está por decirse sobre él, su conmovible vocación de divino interrogante?
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JOSÉ IGNACIO RESTREPO Copyright ©
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