domingo, 24 de abril de 2011

EL CUENTO DEL AUTOR / EL RECUPERADOR DE TARJETAS (3) por José Ignacio Restrepo

EL RECUPERADOR DE TARJETAS (3)
(Cuento)
por José Ignacio Restrepo



Me desperté. Quizás eran las cuatro, un poco más, pero los rostros que tenía frente a mi estaban tan oscuros, tan bien puestos, con esa dignidad de lo prosaico que no admite repulsa y por saberse así, sólo pensamos, acaso yo esté muerto y todavía no me han avisado.

Tres abogados, a falta de uno solo, estaban bien sentados auscultando la teñidez de mi rostro que por sentido efecto del desmayo se había puesto gris y aun volviendo el aire, el tono natural no regresaba. Los miré con el todo de mis ojos, como comprenderán al estar mi estómago vacío y continuar así por el desmayo, sufrí un retortijón más acentuado que me hizo sentarme sin permiso pedirles y preguntando de una por el baño…Pero fue falsa alarma, bien pude respirar, el vientre ya sereno aunque vacío atenuó la violenta contracción y volví a tomar asiento donde el bulto de mi cuerpo había dejado dibujada, en posición fetal como Dios manda el corporal contorno.

-  Sus señorías, me habrán de perdonar esta osadía de la que no he tenido en modo alguno, el voluntario deseo de cumplirla y ha sido simplemente por lo débil que me hallo trabajando en estas lides, sin meterle comida al torpe cuerpo que no entiende de ayunos extendidos ni de aguas pintadas en gaseosa para hacer las veces de pitanza…Me he llegado a su negocio respetado por señas de una tarjeta que no me pertenece, encontrada en la calle en la que queda ese negocio llamado El aguijón, esta mañana apenas y he venido pronto pues me figuro que no es sólo este ministerio un lugar de vigores bizantinos donde el vil intercambio del dinero por la cuota pueril de un bien buscado que ofrecen ustedes por su lado, consistente en lograr el objetivo de preguntas u objetos de clientes que se hallen entuertos o perdidos. Y más bien supongo merecido, sospechar que son dignos menesteres los que cursan dilectos, por lo cual una tarjeta como esta – y lo dije mostrando de ipso facto la cartulina blanca ya gastada, por el bolsillo mío y por mi mano- que se encuentre tirada en la calzada significa seguro una razón perdida, una persona que busca hasta su nombre o una cuota de vida que en las manos de ustedes ya estuviera, en diligente labor incuestionable ante juez defendiendo esa su parte, y blandiendo razones que el jurado en contraste a lo que digan los herejes, dejen libre al cliente, que andará por las calles suplicando que ni una gota llueva para hallar la tarjeta, y no de cualquier manera presentarse sin respeto ante ustedes, aquejando su falta sin  tener como realmente disculparse…

Los rostros de los abogados me miraban, resueltamente sorprendidos, seguramente comprobando que el vigor no me había abandonado y el pasado desmayo, cuyo estatus de origen era el hambre, en nada pudo alterar mí juicio viejo, explicado con fuerza y prontamente los motivos de hallarme en la oficina. Tanto fue, que usaron el teléfono para pedir comida y tras unos breves minutos, que importantes serían los señores, nos trajeron viandas suculentas, que revelan complacencia inmerecida y fue entonces la mesa de las juntas, la mesa de comidas y los tres me invitaran a sentarme, insistiendo en que algo les ampliara del asunto de marras que traía, reciclando tarjetas extraviadas por que nada sabían de labores como esa, y su mucha importancia sin embargo que ningún andurrial exterioriza…

*  *  *
Pues resumen haciendo, me he quedado trabajando en el bufete. Golden, Lucaks and Geremin, conquistados por mi plática insondable, cuya diestra manera de hacer claros los asuntos más épicos y oscuros, han optado por dejarme entre su nómina, adelanto que acepté sin poner  traba.

No sé bien el nombre de mi cargo, pero ya he hecho faenas importantes como ese corto mensaje audiovisual que explica con decoro y gran decencia el vigor e importancia de la firma, y hoy día lo muestran casi veinte veces, y la tele famoso me está haciendo como nunca mi madre se soñara. En sólo una semana, mi aspecto que era muy desconocido, anodino del todo, aparece más que el presidente, ya veremos que trae esta secuencia…

Por lo pronto, os cuento de mi almuerzo: Es el momento mejor del largo día, lo paso en una mesa que me apartan y el menú me lo cambian, para que sea yo solo el que elija que será lo de hoy. En la cocina los armados guisanderos y sus mozos obedientes toman nota real de mis deseos, como nunca soñara mi estómago, que aceptaba agua pintada y burbujitas por arroz con habas y carne picada cuando yo le mentía sin recato… 

FIN

JOSÉ IGNACIO RESTREPO Copyright ©

• Reservados todos los derechos de autor

3 comentarios:

Europa Prima dijo...

Ahhh.... la acción y su recompensa... buenisimo!

VESPASIANO en la alcoba dijo...

se llevaron su merecido, todo lo raro es virtuoso de algún modo... Gracias por amanecer tan pronto...!

LIDIA amitrano dijo...

Es increíble como logra el autor llevarnos de la mano por el laberinto de su imaginación logrando que el lector se sienta un personaje de su relato.pase un rato muy ameno con la lectura de este cuento,gracias

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