domingo, 1 de agosto de 2010

CON PERMISO DE LA POETA / NOTAS CIERTAS por LUCÍA ANGÉLICA FOLINO*


 CON MIS SENTIDAS GRACIAS


ACRÓSTICO A PEDIDO



Jamás será un anónimo tu nombre,
orujo de la piel enrevesada,
silencio de las uvas en invierno,
enigma de una noche acostumbrada.

...Incógnita del sueño y de la espina
ganaste tu lugar,
no se discuta
al hombre que enfurruña las esquinas;
con su salto de ángel
ilumina
oscuramente la ciudad mostrenca,

Rota,
escondida en los grises laberintos
sencillos de la mano de su genio.
tanto número nueve se ha perdido
restando al diez un uno
escatimando
pericias y pasiones y sentidos.
Oh, José Ignacio,

Amigo del hatajo,
que bruscamente
esculpiste lo sólido y lo líquido
limando con dulzura
atentamente
el dolor de los tiempos
zapadores.



LA SÚPLICA DE CASANDRA

Entraron ladrones a mi campo,
saquearon la casa donde vivo,
destruyeron la cosecha,
robaron los frutos de años,
cuartearon el ganado
y huyeron.

Me arrojé al suelo de rodillas,
suplicándoles,
pero no se conmovieron,
rogué, les advertí, los maldije,
pero rieron a carcajadas.

Una lluvia ácida mojó las balas
con que tenían pensado liquidarme.
Y huyeron,
cobardemente huyeron.

Mientras escapaban como ratas,
escarbé la tierra blanda por el llanto,
con uñas y dientes excavé y cavé
el pozo de mi tumba,
hasta hallar una veta de agua cristalina.

Bebí de ella y dormí en paz,
bajo el cuello donde habita
el misterioso dios de los justos.

Dos años después,
el planeta entero se secaba,
los ríos estaban contaminados,
el mundo era un sitio pestilífero
y oprobioso.

De mi fontana, no obstante,
seguía manando agua bendita.

Presiento a los miserables
que están rodeando mi finca.
De rodillas imploran un poco de agua,
castigan, amenazan
y fundan nuevas criptas.

Preguntarás, por qué no se rebelan y me atacan.
Simple.
Yo administro la canilla de la fuente invisible.

No imaginan siquiera donde está guardada.

Todas las noches les sirvo
tres gotas a cada uno,
mido sus sucias pupilas suficientes
y guardo silencio.

Tres gotas son bastantes
para que no mueran de sed,
demasiado rápido
sin padecer
ni comprender
la Gloria disonante del Creador



LATITUDES Y LATIDOS
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Quise abrazar
al viento con los dedos
y por tu boca
caer al precipicio,
deslizándome con la garganta
dolorida;
tocar tu carne por dentro,
rojo pijama de sangre
que sostiene una presencia
amorosa y grotesca.
Quise sentir furtivas latitudes
en un barco de vela
cauteloso y bizarro
movido por tu aliento de bohemia.
Andando a ciegas
intentaba verte de cerca,
como un pájaro encendido
en las llamas de un cuarto
en matrimonio,
con modestia fatal y escandalosa
discrepando en un foro
a mar abierto
las leyes que el destino nos depara:
¿Para qué queremos los ojos
la lengua, las hundidas voces,
si hay un oscuro océano en las cuevas
cerradas antes de haber sido escritas,
debajo del despeñadero viejo,
y un arregosto de los campanarios
sabe bien que no mienten las palabras?


CUPIDO CONTEMPLANDO A VENUS
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Cupido contemplando a Venus nos asombra,
porque Dios está en una manzana,
en la piedra debajo de la cepa
que el artista dibuja caprichosa.
Porque el alma no es alma sin mirada y
la palabra es el nombre de las cosas,
proteste o se entusiasme, asuma el costo,
se resigne en pincel a tez desnuda
o brote en arsenales del invierno,
con un aroma apenas percibido
a primavera coronada en dama.
Maravilla que el hombre no supiera
que el Mesías era él y no hay tutía.
La verdad absoluta del presente
sin la voz del amor, sin tacto en llamas,
amará prontamente su pasado
sumido en la locura de los cuerpos.
El bufón de la corte indiferente
tiene pechos pequeños, tiene huecos,
y no puede volar. Es su condena.
En la boca hay sabor a fruta amarga.
Adán está espiando entre los riscos
con cinismo fatal de ciega envidia.

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La poesía es aporética.
Incierta como teoría de los quarqs.
Intransferible.
Torbellino de ideas con microbios
de un mundo que se pudre en algoritmos.
La calleja es estrecha,
no entran todos
a dar clases del modo de ser libres.
¿Anónimos?
Seguro.
Sombras negras de un presente pasado,
nos van entumeciendo con palabras,
buscamos el perdón por la jactancia
que embriaga nuestra estúpida existencia,
primaria, inanimada
sin sentido;
destilando en alambiques la cultura.
Es bueno desertar de los honores,
ser sobrio por opción,
ser alquimista
con un método propio
de diademas y criterios funcionales.
Usted, señor Pacheco,
no andará leyendo a otros,
lo confiesa.
(Tampoco es menester que nos lo aclare,
se le nota)
Usted, se nutre de la sangre
del pobres hombres invisibles
que se avienen
a callar desde una silla bajo el fresno,
las horas que no viven
y ven pasar la tarde
mientras sueñan
ese sueño inmortal que es pesadilla.
Si su poema es mío
(pues lo leo)
no firme con su foto en las revistas,
ignore al caballero abigotado
aunque le insista,
aunque le insista.
Hay rédito innegable en su litigio.
Su voz resume el eco deshumano.
Hay mucho pleito viejo entre caciques
Si recibe un telegrama que lo honra,
las llaves de Madrid o Colorado,
las llaves de Macondo o Bella Vista,
los insulsos clamores del espacio,
viajarán en oscuros colectivos
donde van a dar los huesos olvidados,
como siempre van los anónimos huesos,
los huesos de Melpómene abusada,
los huesitos del niño que en la escuela
se apura a componer jaculatorias,
para estar en paz con la conciencia
del maestro tutor,
del think tank,
del camorrero.
Si como bien explica, la poesía
es un acto de amor, y trae amigos
que otean sus antífonas de gloria,
será porque su nombre es José Emilio
y no porque ha firmado: 2012.
Yo al menos, jamás le escribiría
a un número, plagado de misterios.

*La autora es natural de Avellaneda, República Argentina, su pluma se distingue por su fuerza y  autonomía, reconocibles en sus versos personales, irreverentes y certeros…

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