domingo, 1 de agosto de 2010

DEL CUENTO DEL AUTOR / UN AUTOBIOGRAFICO (cinco)

Cae la noche CON ALGO DE POLVO EN LOS ZAPATOS (5)
por José Ignacio Restrepo

primer capitulo quinto
Ese día perdí dos clases. Bueno, realmente fue una inversión. Al terminar la noche se había logrado una tregua de por lo menos seis meses entre don Leopoldo y Sandra, cuyo punto principal era la reflexión que harían ambos sobre el tema de la autodeterminación y su no-divergencia con el amor, orientándolo a la salud emocional de él y al desarrollo profesional de ella, principalmente. Estos temas, permitirían observar los vínculos actuantes que ninguno de los dos podían consentir se convirtieran en una malsana dependencia. Don Leopoldo concedió que estaba sintiendo que perdía a Sandra, y que por eso debía hacer todo lo posible por darle a todo una mejor dirección, imponerle a ella algo de respeto. Era tanto como decir, que su vida dependía de Sandra, quien le explicó con voz mesurada en sus propias palabras que así no podían hacerse las cosas, pues perderían todo lo alcanzado, incluso el amado recuerdo de mamá. En ese instante, todo retomó un curso apropiado y los dejé solos, en silencio y abrazados.
Era una casa impresionante, comparable a un pequeño Museo del Prado. Galerías extensas que eran escenario de pinturas organizadas por escuelas, épocas e incluso por artistas como Van Dick, Tiziano, el Greco, Van Gogh y otros más nuevos del siglo pasado, que nunca hubiera pensado las poseyera alguien de estos lugares. La estética y el cuidado de la decoración eran maravillosos, solamente podría decirse cosas buenas de todo esto, pues simplemente los espíritus llenos de virtud se avienen a coleccionar la belleza. Aunque eso podría merecer toda una disertación ontológica que ofrecería tangenciales interrogantes.
- Miguel...
La voz de ella se paseó por el altísimo pasillo recubierto con detalles dorados y de alabastro...
- ¿Y bueno? Tengo la impresión de que casi todo está arreglado...
- Pues... Debo reconocer que tu participación como amigable componedor fue, no solo oportuna sino brillante. Además, nunca dudé que así ocurriría... Desde el año pasado, durante las fiestas ¿recuerdas? tenía la certeza de que lograríamos encontrarnos envueltos en algo m...
- ¿Encontrarnos envueltos? Déjeme decirle, alumna, que su descripción parece superar las vivencias e incluso los propósitos, que hasta el momento no debieran ser enunciados como producto de un acuerdo mutuo, sino simplemente como una aventura casual, de esas que...
Su boca caliente estaba ya quemándome el cuello. Temí, como cualquier novato adolescente, que la figura de don Leopoldo se recortara inoportunamente entre la luz y el marco de la gran puerta, pero luego me olvidé hasta de mi nombre, obligado por la sabiduría de la boca de Sandra. Empecé a desmayarme despacio, solo que entonces recordé que aun no había calificado las últimas pruebas de seguimiento de un grupo del semestre dos, que aguardaba por esa nota atrasada.
- Tus zapatillas son tan bonitas y...
- El maestro, por el contrario, tiene algo de polvo en los zapatos...
- Dicen que es de mala suerte salir de casa con las botas brillantes, cuando esta gris la mañana.
- Sin embargo, Mi querido Miguel, que muy fácil podría ser mi Arcángel de la Guarda, mis zapatos lustrados me trajeron hoy buena fortuna.
El silencio del abrazo y la urgencia del manso beso parecían querer obligar a todas las demás cosas a que desaparecieran, pero para nosotros no era necesario pues no veíamos nada, solo una carrera por terminar, una vida mejor, aprender por fin el método de hacer las cosas bien... Incluso, al equivocarse.
¿FIN?
segundo CAPITULO QUINTO
No comprendía como había llegado al Salón principal de este palacete, que incluso desde afuera ya producía cierto temor reverencial, y mucho menos entendía, qué hacía esperando a Don Leopoldo, Dios mío, yo era profesor de una Universidad no asesor de un proceso de Reincersión. Me miré nuevamente los zapatos y pude comprobar que las polvorosas huellas sobre la costosa alfombra de Cachemira eran completamente mías. “Con algo de polvo en los zapatos debes salir de casa”, me decía mi abuelito, antes de perder por completo la lucidez y quedar con la imaginación de un niño,” si quieres que no te abandone la diosa fortuna”. Mi abuelito se refería a la tierra que había dentro de mi casa, que como sospecharán tenía piso de tierra, pues el cuento este ocurría en plena sabana del Valle de Upar. Al parecer hoy había cargado con toda la tierra de la cancha central de la U. Que se le va a hac...
- Buenos días, Profesor Miguel. Discúlpeme usted si me estaba demorando.
Opiné inmediatamente que don Leopoldo bien podría volver a casarse, pues administraba muy bien sus sesenta años pasados. De allí tal vez el Edipo mal construido de...
- No hay problema, don Le...
- No señor, problemas si hay, y es mejor que vayamos al grano, puesto que ambos somos personas activas y sumamente ocupadas. Sandra, mi hija, que imagino le presentó una versión personal del asunto, ha determinado irse de la casa. Su decisión, caprichosa y unilateral, aunque me ha causado consternación y enfado, tiene mi respeto. No crié una hija para que no fuera capaz de enfrentar el mundo, así esté absolutamente seguro de que dicha decisión nos privará de la comunicación necesaria para enfrentar unidos los años que vienen...
- Don Leopoldo, con todo respeto. Sandra solo desea que exista el mismo calor y la comunicación que en vida de su madre, su señora esposa, que en paz descanse. Con esto quiero decir, que ella precisa más el respaldo de usted que la crítica, y en todo caso, ella lo quiere y lo respeta a usted tal y como es, añora entonces que la ayude en sus decisiones, aunque no comparta alguna totalmente...
- Profesor Miguel. Usted no tiene hijos...
- Pero tengo muchos alumnos, que es algo semejante en muchos aspectos...
Si muchachito, como no moñitos...
- Pero lo que yo siento por Sandra, seguramente usted no lo ha sentido...
Me quedé observando al viejo, mientras mansamente me fugaba del hilo de su disertación. Gesticulaba ampliamente, contorsionando las líneas del rostro, y movía sus manos y ambos brazos con la emoción y seguridad de un hombre fervientemente enamorado. Se dirigía a mí cada vez con más calor, aparentando la soltura y el equilibrio que no podía obtener naturalmente de su edad, posición y argumento, ante un macho más joven y apuesto, que con absoluta desfachatez se presentaba en su hermoso castillo para apoyar las ansias libertarias de su hija, y con ello obtener algunos objetivos egoístas. Lo insuperable ya estaba ocurriendo. La niña era una hermosa mujer y había decidido ganar el apoyo y la gracia del rol masculino, con una figura diferente a la del padre...
- Por eso, muy comedidamente, le pido a usted que en este momento la tiene más cerca, y puesto que ella confía en usted, le ofrezca mis disculpas inmediatamente, reiterándole mi respaldo incondicional para con su proyecto profesional. Mal haría yo en negarle lo que por derecho le corresponde, ella no coartó ninguna de mis decisiones y yo le prometí a su madre moribunda que estaría en todo momento junto a Sandra... En todo momento.
Cerré rápidamente la boca, que se me había ido desencajando ante lo inesperado del colofón, que transformaba la situación completamente ante mis ojos. No puedes privarte de la presunción de inocencia, puesto que es desde allí que parte cualquier criterio acusador. Puede que el supuesto culpable, no sea sino un omnisciente trasgresor, que ha sucumbido ante el pecado en nombre del deber, o ante la inminente pérdida del bien más preciado. Lo sorprendente, en este caso, era la gracia con la que él había vencido su propia infancia amorosa, puesto que no podía ser su Sandra la que satisficiera sus deseos de ser el Príncipe, el Príncipe Valiente. Viudas tenía esta parroquia que gustosas se le medirían, a la oportunidad de ingresar al universo romántico del apuesto sexagenario. Ante el honrado caballero, nuevo en armas, había cedido los derechos de cuidado y control de su adorada, sin más recomendación que la de un diligente padre para con otro de sus hijos. Como si no sospechara, por el brillo acerado de mis ojos, que este giro en la vida de ambos tendría muchas más implicaciones de las aparentes.
Una despedida tan calurosa no sugería, sin embargo, que el motivo de la visita hubiera sido algo azaroso. El apretón de su mano parecía indicarme, ya para lo último, que debía tener cuidado en mi papel de intermediario, pues él todavía poseía fuerza suficiente para intervenir de mala forma, si así se requiriese.
Cuando llegué a mi apartamento, estaba agotado por toda la experiencia. Al abrir la puerta ya me estaba quitando los zapatos, de los cuales se desprendieron algunos otros pequeños terrones de polvo ya muy seco. Luego, todo tuvo la magia y la sintonía del placer simultáneo e inesperado: en tanto vi la llave que está siempre dentro del matero, para ocasiones de emergencia, al lado de la mesilla del teléfono, me pregunté como lo supo, y torné mi cara para alcanzar el objetivo de mis ojos, que ya buscaban el origen de semejante olor tan delicioso, el cual estaba compuesto por... a ver, de seguro tenía piñas frescas, tomates y ají, junto con restos del pavo que había sobrado el sábado anterior... Y un poco más allá, su mirada, que me dijo de inmediato que pese a todos los problemas era evidente que ganaríamos el semestre...
¿fin?
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y
el ÚLTIMO
capítulo quinto                              (Continuará)

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