viernes, 18 de junio de 2010

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Abril 15, 2010

De héroes y milagros

No me olvido de escribir.
No me abruma el silencio.
Movimiento, velocidad, tiempo que parece útil pero que finalmente es perdido.
¿Cómo explicar que la columna vertebral de mi cuerpo sean un montón de letras continuadas, como hormigas que sostienen el cuerpo y amansan el alma? ¿Cómo explicarlo para que alguien, por fin, lo entienda?
Poesía, poemas, versos.
Alberto Guerra Trigueros, Francisco Gavidia, Raúl Contreras, Claudia Lars.
“Instante y elegía de un marino” de Lars.
Leerlo pronto, en voz alta, en una ciudad frente al mar.
A veces no se entiende qué quiere la vida de uno. Por qué aprieta tan fuerte sus tenazas de cangrejo. Pero cuando afloja, hay que saber escapar. O aceptar el respiro. Y gozar el escape, disfrutarlo.
A veces no se entiende por qué nada.
A veces te ponen a prueba y luego, hay recompensa. Doble.
A veces falta arrojo y ponerse en plan María Félix.
María Félix y Agustín Lara.
Veracruz.
Habitantes angustiados sobreviven una nevada mortal en Buenos Aires y luchan contra extraños invasores en El eternauta, que ahora leo.
John Cheever y la sed que nunca acaba.
Absolut. Nostalgia de un bar en Guatemala.
La carta que nunca escriben. ¿El inicio del cansancio?
Una intensa, curiosa, obsesiva, grata, sorprendente fantasía dominguera.
“De qué callada manera se me adentra usted sonriendo, como si fuera la primavera y yo muriendo; y de qué modo sutil me derramó en la camisa todas las flores de abril. Quién le dijo que yo era risa siempre y nunca llanto, como si fuera la primavera, no soy tanto; en cambio qué espiritual que usted me brinde una rosa de su rosal principal”.
Un gallo aplastado en la carretera.
El camino más corto a la lavandería.
Flores que se quiebran. Geranios que renacen.
Hablar de tatuajes.
Envolver un regalo.
Abrazar a una gata y decirle “gracias por ser tan fiel”.
Agradecer algo desde el sótano del corazón.
Esperanzas. Árbol de la literatura mantente firme.
La imaginación: abrir puertas y estar en un balcón frente al mar. Oler la sal. Naufragar la pupila en el turquesa del agua.
Extraños sucesos. Inexplicables sucesos. Cosas desconocidas que ocurren entre telones y que hacen que seres antes agrestes ahora te hablen como si fueran mansos gatitos.
Un afiche de Monseñor Romero, el más joven de los profetas.
Héroe: un hombre que cumple con su palabra. Un hombre que cumple con su palabra y que con eso te ha salvado en muchos sentidos y él no sabe la dimensión del bien que ha hecho.
Hoy conocí a mi héroe.
Y mañana me voy.
Un milagro. Y al regreso, cumplir una promesa.
Jacinta a las 06:08 AM 

Febrero 24, 2010                            

 

 


"¿Me puede dar su opinión sobre lo que escribo?"

Pasa que de vez en cuando, gente que escribe me manda su material para que yo le dé “mi sincera opinión” sobre sus textos, sean versos o prosa. Más de alguno subraya que mi opinión le ayudará a decidir si se dedicará a ser escritor, a tomárselo “más en serio” o si va a publicar sus textos.
Tengo por regla NO brindar opiniones nunca a nadie sobre sus textos cuando me lo solicitan (a menos que sean super-íntimos amigos). ¿Por qué?
Primero, si me dedicara a leer todo lo que me mandan, tendría que invertir bastante tiempo en ello, amén del trabajo que representa leer textos ajenos y escribirles una opinión (o "informe", como solicitan algunos). Creo que uno debe leer por placer, por voluntad y jamás por obligación (de ahí que corregir textos para mí sea un sufrido calvario, amén de que es un oficio nada creativo).
Segundo, eso de la “sincera opinión” es un arma de doble filo. Una vez en la vida lo hice. Le dije a alguien que su cuento tenía equis y ye situaciones y que para mejorarlo podría hacerse esto y esto otro. La persona en cuestión no sólo no me dio las gracias por mi “sincera opinión” que había solicitado con insistencia, no sólo me echó una mirada de aquellas que si las miradas matan, yo estaría enterrada desde hace más de 15 años, sino que jamás me ha vuelto a dirigir ni el saludo y si por casualidad nos encontramos, la persona hace como si yo fuera inexistente. Así es que hasta ahí llegaron mis “sinceras opiniones”.

Jacinta a las 05:03 PM 

Febrero 17, 2010                    


Cosas que uno lee

Algunos fragmentos de Hijos de Dune de Frank Herbert, que me llamaron la atención.
-Eres un niño que quiere ser un hombre. Cuando seas un hombre, buscarás en vano al niño que fuiste una vez. Las palabras de la Panoplia Prophetica deliraron a través suyo: "Fue dicho que no hay nada firme, nada equilibrado, nada durable en todo el universo... que nada permanece en su estado, que cada día, a veces cada hora, trae consigo un cambio".
-La irreverencia es el ingrediente más necesario de la religión -dijo Leto-. No el hablar de su importancia filosófica. La irreverencia es el único camino que nos permite probar nuestro propio universo.
La Religión es la emulación del adulto por parte del niño. La Religión es el enquistamiento de pasadas creencias: la mitología, que no es más que conjeturas, las ocultas creencias en la veracidad del universo, esas afirmaciones hechas por los hombres en búsqueda de un poder personal, todo ello mezclado con fragmentos de iluminismo. Y el definitivo mandamiento inexpresado es siempre: "¡No hagas preguntas!". Pero hacemos preguntas. Rompemos constantemente este mandamiento. El trabajo en el que nos hemos empeñado es liberar la imaginación, lastrándola tan sólo con el más profundo sentido de la creatividad humana.
Periódicamente, la humanidad atraviesa crisis de aceleración en sus asuntos, experimentando a causa de ello confrontaciones entre la vitalidad de renovarse y la atractiva corrupción de la decadencia. En esta periódica confrontación, cualquier causa se convierte en un lujo. Sólo entonces puede uno reflexionar en que todo es permitido, en que todo es posible. (Los Apócrifos de Muad'Dib).
La paz exige soluciones, pero nunca llegamos a alcanzar soluciones vivas; tan sólo trabajamos en su dirección. Una solución fija es, por definición, una solución muerta. El problema con la paz es que tiende a castigar los errores, en lugar de premiar los logros. (Las Palabras de mi Padre: una crónica de Muad'Dib, reconstruida por Harq al-Ada).
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Tomado del Jacintario, ESPACIO FILMICA, Abril 15 de 2010

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