jueves, 3 de junio de 2010

FORMAS, CAMBIOS Y TENDENCIAS EN LA ORGANIZACIÓN FAMILIAR EN COLOMBIA

NOTAS A UN ARTICULO DE ANA RICO DE ALONSO
Las transformaciones históricas son producidas por interacciones prolongadas entre los individuos que comparten relaciones espacio-temporales, que luego llegan a afectar a nuevas generaciones de individuos. Esta reproducción normalmente descrita como cultura, tiene tanto de ancho como de largo, sobre todo si hemos de referirnos a los cambios en la familia tradicional, que en nuestra tierra ha sido aquella conformada por un padre proveedor y autoritario, una madre que lleva la casa y cuida los niños, que se la pasan creciendo y obedeciendo, mientras llega el día de entrar a la escuela, donde podrán entender como es que funciona el mundo.

Aunque estadísticamente sigue teniendo un gran peso, la familia nuclear o tradicional parece ir cediendo ante la irrupción validada socialmente de otras clases de uniones. Las familias extendidas, las monoparentales, las que siguen patrones de asociación excluyendo la vivienda compartida, el madre solterismo y otras, han ido en aumento creciente y parece continuarán es esa tendencia, pues las condiciones que las han originado, antes que desaparecer se acentúan con el paso de los años. La unión libre y las parejas homosexuales, están determinadas por el fortalecimiento de expresiones culturales diseminadas por la globalización de las costumbres de consumo y el desasimiento de la población joven a la cultura de lo sacro, de la cual emanaba en buena parte el respeto por lo institucional, por lo formal.

En esa misma lectura, la disminución de la fecundidad se relaciona con una valoración distinta de la maternidad, aunque también lo explica la inserción de la mujer en nuevos espacios laborales que exigen más de su tiempo y dificultan el rol de madre. Es mayor, en todo caso la cantidad de mujeres que nunca tienen prole y mayor también el porcentaje que opta por no procrear y tampoco conseguir un compañero.

Los fenómenos económicos, la violencia y el desarraigo, han transformado las relaciones al interior y al exterior de la familia colombiana, y estas transformaciones parecen tener una tendencia benéfica en cuanto a la recomposición de roles y funciones en la familia, pero también fuera de ella en la esfera social. El fortalecimiento de las funciones autonómicas en los miembros de las familias ha deparado la observancia de una normatividad nueva pero importante y la elección de opciones de supervivencia no solo atinadas sino respetuosas de los antiguos valores generacionales.

Esta circunstancia podrá redundar en el futuro, en la formación de individuos más libres dentro de ofertas normativas menos cerradas, más creadoras en el antagonismo menos disfuncionales en épocas de soledad. También presupone una redefinición en la formulación de los objetivos de socialización en la oferta curricular, en la educación formal e informal, toda vez que la generación de marcos de interacción más equilibrados hacia la acción y menos determinados por las normas exigirá menos control y mayor satisfacción de formación.

Con ello aparecerán funciones nuevas para el Estado. La articulación de un sistema mucho más ordenado de seguridad social, la formación de instituciones públicas cuyo propósito sea ligar la capacitación de las personas con la posibilidad de laborar, la ampliación de las garantías para acceder a los bienes y servicios, en fin. El Estado deberá reaccionar y pautar el desarrollo en atención a las condiciones de aquellos que lo conforman. El Estado habrá de perfilarse en su posibilidad de resorte potente, y de esa característica que absorbe y redistribuye las cargas los asociados orientarán sus acciones dentro de un marco distinto al del presente: Las funciones no buscarán parecerse a las adecuadas y producir así la tarea de la legalidad sobre ellas, o el ejercicio de la duda, procreando oportunidades de corrupción. Más bien elegirán un buen destino y también unos corresponsables en su agencia, para poder compartir el bien gestado por la virtud del acto conquistado. Las familias, como asociaciones que reproducen la cultura advertirán permanentemente al Estado su corresponsabilidad en la consecución del beneficio posible para la asociación, ocasionando un respeto por los cambios causados si las condiciones de una mala distribución de las responsabilidades llegara a afectar la realidad y el quehacer cotidiano.

Acaso no suceda de esa manera. Tal vez no consigamos equilibrar la balanza y entonces el orden social se determine por nuestros peores rasgos de agremiación y de adscripción. Sin embargo, dice la experiencia que no hay mal que no venga por un bien, entonces ¿no será acaso este el momento para decidir a que bien le apuntamos juntos?

JOSE IGNACIO RESTREPO
Sociólogo

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