martes, 1 de junio de 2010

ZONA POESIA/ ELEGIA A LOS FRAGMENTOS



EXTRA-BIOS
Brillo de esta diadema,
perdido,
extraviado en nubes oscuras,
de tempestades que prometen negros,
como los actos de esos párvulos malvados,
injuriosos, dispuestos a lo malo sólo...
Musa perdida
a que sitio buscarte,
conque genuino esfuerzo rehacerte,
ni el brillo de este poco sol,
que me habla desde los charcos
con fondo de asfalto,
ni el del bello sol que estará allí aún
cuando esto haya muerto,
ni el fulgor imaginado de tus ojos
que ya no están aquí.


PRIMER GRADO
Quemado vértigo,
que asciende sin fe
desde la piel conversa e irredenta
del calcinado estómago hasta el velo nacarado,
donde se empotran brillantes y amarillos
estos cuchillos cortantes, los pocos que quedan
y desde allí, tras de ese ingobernable cantillo
que ha nutrido al viento...
Quemado, irreconocible sentimiento,
por nuestras manos vuelto vil ceniza,
a que lugar enviarte en la memoria
donde te pueda visitar de pronto,
en las noches de marisma cancerosa
cuando por equis razón me acuerde de sus ojos de fuego.


SEGUNDO RECUERDO
Suave destreza del hilador curtida por fiebres e insomnio,
por años de ser escolar de una sola asignatura,
me abstraigo en tu disciplina para lograr comprender
estos míticos trabajos de olvido,
lentos gotereos de agua, socavados palpamientos,
recuerdos breves vagando sin un lugar en el tiempo,
como entrevistos fulgores
que luego no sabemos si realmente fueron.
Suave, una semilla redonda que se queda implorante y seria,
a centímetro y medio de mi mano,
y me permite ver sus hilos y fisuras,
las fibras y vasos,
que habrán de formar algún inmenso ser
en un futuro no sé cuan distante,
a mí, pequeño enano salido de no se sabe dónde.


VISIONES
Vencidas llanuras
que de pastos rojos van cubiertas,
ya seréis alimento de la nieve,
os veréis convertidas
en acostadas y silenciosas nodrizas,
que cuidan el fluir del agua
que sólo atiende a su rito subterráneo,
corriente que lo olvida todo,
cual buey castigado,
sin yunta que anclar a su cuello,
sin tierra que medir
y bañar a diario con su llanto y sudores,
sin amo.
Vasta nomenclatura
que refleja en las nubes su aprendido idioma,
de estos quemados azares por prestar la piel
a la siembra del alma,
queda a veces el sabor a quema.
Queda, como hoy, el paisaje
gastado por afanes y sin huellas.


FIRMATIVO
Si,
estás en mi voz,
cuando brota cascada, irreverente,
como anónimo viento
que viene de silenciosos barrancones...
Si, estás en mi voz, te lo aseguro,
aunque nada se escuche
y entreverado ande con mis guerras,
que aun no tienen cuartel, ni tampoco enemigo.
Y estás,
a veces,
en mi canto diurno
cuando él va derivando entre fríos manantiales,
por crestas de montañas descendiendo
y se cansa, a veces...
Y a veces no estas.
Mi voz cascada se arroja
desde lo más alto a buscarte,
a buscarte y no hallarte,
a buscarme y no hallarme.


EX – LIBRIS
Sin embargo, lo que el albur desteje
en quebrantado amago vespertino,
no es más que otro mensaje elusivo,
sagaz,
para expandir su herencia entre tus iris
o tus marcadas yemas,
que ahora tienes mojadas por vino.
Esto, que llamamos destino,
tiene su origen no sé dónde,
pero,
dijo cualquiera (y yo oí, y me gusta)
que parece provenir de un flirteo pagano e imprevisto
entre seis supervivientes de un ejército de ásteres
que vagaban sin rumbo,
y una estrella caída,
gastada su luz de volar contra el viento,
infecunda, maltrecha, loca...
Eso que decimos, al nombrar al destino,
suele ser una idea segada con hoz de hierro
por triste verdugo,
cualquier tarde, ya noche.
No es más que una invocación
que ha rodado imperturbada entre los siglos
y llega hasta aquí, en este segundo,
como albor no abrevado
que se meciera entre el rutilo y la lágrima.


TENTATIVA
Hacia el jazmín de noche los sueños se aproximan
lentos, con sus pisadas de fuego
y desde allí me observan
con las manos tapándose la cara,
acaso llorando por mi prisa,
que enajenadamente la recuerda
para lograr olvidarla,
como si al malgastar sus recuerdos
llegara sorpresivo el olvido.
Y al acercarme yo
a respirar el dulce aroma ajeno,
se me viene todo lo no hecho, contraído en el viento,
y no puedo atinar a cual silencio coronar
con el halo de tristezas que adornan mi faz
y da luz al camino donde mis pies se posan
y de a poco avanzan,
para llegar a alguna hora.


VERÓNICA INCOMPLETA
Las rojas marcas que están secando al sol
a unos cuantos centímetros del redondel de arena
pintado de blanco que poco narran si narran,
del adiós natural que se había vuelto ceremonia
y que a pesar de todo
él no sabía que era el último,
como ese guiño suyo en el ojo derecho
donde ella vio la noche anterior aquella línea
no por sonreír para las fotos,
no por sus rasgos de carácter
sino por la travesía de los años,
a todas luces, las fotos de cuando tomó la Alternativa
de verdad que se veían amarillas,
empezaba a sentir en la piel aquel grito acomodado
en su cerebro
diciendo que era de acá,
de estos foscos pasillos propietario
rentista de estas pútridas paredes que están vestidas
con mugidos atroces que preguntan por las lejas campiñas
y el aroma de la albahaca en otoño.
Ah! Irreal y permanente la queja del torero que se muere
pegando con su cuerpo a estas paredes,
pasado de mano en mano en la agonía,
su mente preguntándose, mientras la sangre se sale sin remedio,
que lluvia de mañana o de pasado
le lavará a la arena de este ruedo el rojo linaje de su nombre,
preguntándose quien dedicará por su recuerdo
el comienzo incierto de una lidia
la otra,
la siguiente temporada.

Tomados del libro inédito CARTAS DESDE LEJOS, de José Ignacio Restrepo

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